Técnica activa
A partir de 1913 se destaca claramente su creciente interés por la técnica psicoanalítica, interés que lo movió a formular modificaciones orientadas a lograr un progreso mayor y más rápido. En este sentido, destacaremos dos de sus conceptualizaciones: la más importante es la referente a lo que Ferenczi denominó técnica activa; menos desarrollado pero igualmente innovador es el principio de relajación, concepto que desarrolla en sus últimos años.
Inspirado en cierta medida por las variaciones técnicas que el mismo Freud había realizado en el tratamiento de pacientes fóbicos, a quienes en determinado momento del tratamiento les ordenaba afrontar la situación fobígena, Ferenczi introdujo modificaciones a la técnica que significaban un mayor grado de actividad que el analista exigía al paciente.Al principio, Freud había recibido con entusiasmo estas ideas, y hasta las había estimulado. Sin embargo, al transcurrir el tiempo las diferencias entre ambos se acentuaron. Los nuevos desarrollos de Ferenczi sobre la terapia activa, pero también la importancia que le otorgaba al fenómeno de la regresión, hicieron pensar a Freud en una nueva amenaza de desviación de consecuencias imprevisibles.
En el Congreso de Psicoanálisis de 1920 efectúa por vez primera una descripción global de la técnica activaEsta técnica era un recurso utilizable únicamente a los fines de disolver los momentos en los que el tratamiento parecía estar en un impasse. Se apoyaba en la idea de que el agotamiento y la esterilidad de las asociaciones libres se explicaban, con bastante frecuencia, por un retiro de la libido del trabajo analítico en beneficio de fantasías o satisfacciones físicas inconscientes. Esto era el resultado de una crisis en la relación transferencial, y el analista debía entonces descubrir hacia dónde había sido desplazada la libido para tratar de movilizarla y reconducirla a la senda del trabajo asociativo.
Tan pronto como sea superado el estancamiento del análisis, que es la única justificación y único motivo del cambio momentáneo de técnica, el especialista volverá a asumir la actitud pasiva y receptiva, más favorable para la cooperación eficiente del inconsciente del médico.
La técnica activa se desplegaba en dos fases sucesivas, destinadas a permitir la actividad y el control de las actividades eróticas.
Mediante la implementación de órdenes y prohibiciones, el analista esperaba provocar en el paciente un crecimiento considerable de la tensión psíquica que, a su vez, podría entrañar dos consecuencias: la irrupción en la conciencia de una moción impulsiva hasta entonces rechazada, transformando un síntoma fuerte de desagrado en una satisfacción acompañada de placer, lo que suponía un refuerzo y una expansión de la autoridad del Yo del paciente. La otra consecuencia podía ser la restauración de las asociaciones del paciente, una vez superadas las resistencias.
Para ilustrar su exposición, Ferenczi ofreció en su trabajo de 1920 algunos ejemplos clínicos. El más notable es el caso de una joven música que padecía fobias y estados obsesivos. Al tocar el piano delante de público la joven se ruborizaba, su digitalización se entorpecía haciendo que se equivocara constantemente, y finalmente terminaba quedando en ridículo. A pesar de que había tenido una experiencia psicoanalítica previa, cuando Ferenczi la tomó en tratamiento notó que tenía una comprensión algo intelectualizada de sus padecimientos y que el grado de progreso del análisis no estaba en relación a la cantidad de recuerdos ya puestos al descubierto. Ferenczi tomó la iniciativa e insistió para que la paciente, durante las sesiones, se manifestara libremente respecto de sus talentos musicales (fase de las órdenes).
Debimos el impulso más notable hacia el mejoramiento al onanismo inconsciente de la paciente que se hizo manifiesto con ayuda de la actitud activa. Sentada al piano, experimentaba, a cada movimiento vehemente o apasionado, una sensación voluptuosa de los genitales estimulados por dicho movimiento. Tuvo que reconocer esas sensaciones luego de que se le pidió que se comportase de acuerdo con lo que hacían muchos de ellos, pero tan pronto como comenzó a gozar de este juego tuvo que abandonarlo siguiendo mi consejo. Como resultado pudimos tomar conocimiento de los recuerdos y reconstrucciones de juegos genitales infantiles, tal vez la fuente primordial de un exagerado sentimiento de verguenza.
De esta manera, la segunda fase, correspondiente a las prohibiciones, funcionaba impidiendo la satisfacción erótica actual y haciendo que el impulso psíquico provocado hallara el camino hacia el material originalmente reprimido.
Ferenczi consideraba que el uso de esta técnica tenía algunas contraindicaciones. Los psicoanalistas principiantes no debían recurrir a ella por el riesgo de no formarse adecuadamente en la dinámica de las neurosis, objeción que recuerda las críticas de Freud respecto de los analistas silvestres. Además, no debía ser empleada al comienzo del análisis ya que el paciente se hallaba suficientemente ocupado en adaptarse a la regla fundamental, y la introducción de esta técnica podía dificultar la instalación de la transferencia. Advertía, asimismo, que la utilización poco oportuna de la técnica activa podía ocasionar un proceso de pseudo-curación, en el que el paciente se cura demasiado rápidamente, y por lo tanto no en forma completa.Fueron cinco en total los trabajos que Ferenczi le dedicó al tema de la técnica activa. Uno de ellos, publicado en 1924, lo escribió junto a Otto Rank. En él, ambos proponían una ampliación de las medidas activas, por ejemplo, la fijación de una fecha para la finalización del tratamiento.
El último de esa serie de cinco trabajos lo dió a conocer en 1925. Allí, hace una lectura autocrítica al referirse a algunos casos que había tratado mediante esta técnica y en los que no había obtenido resultados favorables....debemos contentarnos con interpretar las tendencias ocultas del paciente a actuar y sostenerlo en los débiles esfuerzos que efectúa para superar las inhibiciones neuróticas de las que hasta entonces ha sufrido, pero esto sin obligarlo a adoptar medidas violentas ni incluso a aconsejárselas. Si tenemos suficiente paciencia, el enfermo abordará por sí mismo el problema de efectuar tal esfuerzo, por ejemplo, afrontar una situación fóbica...Corresponde al propio enfermo el decidir el momento de la actividad o, por lo menos, proporcionar indicios evidentes de que tal momento ha llegado.
Este artículo nos muestra a Ferenczi un tanto desilusionado de los resultados obtenidos a través de la técnica activa. Sin embargo, también parece desprenderse de sus palabras que su renuncia se restringe a dicha técnica y sólo parcialmente, y no a su convencimiento de que la técnica psicoanalítica en sí misma debe ser objeto de una permanente investigación. Dicho en otras palabras, Ferenczi reduce las modalidades de aplicación de la técnica activa, pero no renuncia al cuestionamiento de la técnica psicoanalítica. Prueba de ello, es el concepto del cual se ocupa a continuación en sus trabajos.
Principio de relajación
Antes de desarrollarlo, conviene recordar que, por aquel entonces, al consultorio de Ferenczi llegaban pacientes de todas partes de Europa en busca de su ayuda. Con los años, Ferenczi se había convertido en un analista de casos difíciles. Probablemente esta experiencia clínica lo haya motivado en la búsqueda de nuevas alternativas para el tratamiento de estos pacientes, para los que consideraba que los recursos psicoanalíticos clásicos no eran suficientes.
En 1930 publicó un artículo en el que trata el abordaje de pacientes de personalidad infantil. Reflota la teoría traumática de las neurosis al plantear que dichos pacientes parecen haber pasado por experiencias de seducción reales y no fantaseadas. Veremos más detalladamente estas ideas un poco más adelante, al hablar de las patologías del vínculo temprano.El principio de relajación se refería a crear una atmósfera de facilitación en la situación analítica, un clima de una mayor confianza entre analista y paciente. Esto permitiría que sobrevinieran durante el curso mismo de la sesión, por ejemplo, síntomas histéricos corporales, que eran considerados como resultados de una neocatársis.
Ferenczi se cuidó de aclarar que al hablar de catársis no lo hacía en el mismo sentido de los tratamientos iniciales de Breuer y Freud:La catársis de la que hablo no es, como muchos sueños, más que una confirmación que proviene del inconsciente, un signo de que nuestro trabajo laborioso de construcciones analíticas, nuestra técnica de la resistencia y de la transferencia, han conseguido finalmente alcanzar la realidad etiológica.
Respecto a la finalización del análisis, Ferenczi presentó un artículo en el Congreso de Innsbruck de 1927, en el que afirma que no sólo es posible sino también deseable.
La terminación correcta de un análisis se produce cuando ni el médico ni el paciente le ponen fin, sino que, por decirlo así, se extingue por agotamiento...La renuncia al análisis constituye así la conclusión final de la situación infantil de frustración que está en la base de la formación de síntomas.